educación, infancia, juego, psicomotricidad, salud

¿Es tan malo sentar a los bebés?

Hay muchas veces que en la crianza se llevan haciendo las cosas de la misma manera que no nos planteamos que puedan ser de otra, esas cosas de “toda la vida”. Durante el embarazo y después cuando tienes a tu pequeño en brazos son muchas las cosas que te planteas, vas aprendiendo y van surgiendo dudas y respuestas.
Ya casi todo el mundo está al tanto que es mejor no forzar a los bebés a ponerse de pie y andar, aunque se siguen viendo muchos andadores y corre-pasillos, cada vez son más las familias que no las usan, muchas familias concienciadas en no poner de pie a sus bebés, pero curiosamente no pasa lo mismo con sentarles y aquí no sólo entra en juego la sabiduría popular o el se ha hecho así toda la vida, también tienen su parte de responsabilidad los pediatras que en las revisiones de los 5-6 meses mientras sientan al bebé en la camilla para ver si se sostiene nos preguntan si se sienta…

Quiero aclarar varios puntos:
1- Los bebés no necesitan que les “enseñemos” ningún movimiento, igual que no hay que enseñarles a comer o a hablar y muchas otras cosas no necesitan que les enseñemos a moverse, a sentarse, a andar,…es cuestión de maduración del sistema nervioso central y de la libertad que se le haya dado para explorar su cuerpo y el medio que le rodea.
2- Cuando hablamos de sentarse solo, no es que nosotros le sentemos y aguante sentado sin caerse, es que sea capaz de pasar de cualquier posición a sentado, ya sea tumbado, a gatas o de pie.

Vale, una vez aclarado eso vamos a ver los motivos por los cuales NO se debe sentar a los bebés.
Cuando hacemos algo por ellos que pueden hacer por si mismos, no les estamos ayudando, les estamos privando de un aprendizaje y un logro, ya no sólo de sentarse solos, sino de toda la gama de movimientos y posturas que aprenden antes de llegar a esa posición.
Cuando nosotros les sentamos, les dejamos anclados a esa postura no tienen equilibrio, por lo general al principio se les sujeta, bien con un adulto, bien rodeándolas de cojines, la postura que adoptan no es una postura natural, teniendo que compensar la falta de equilibrio bloqueando cadenas musculares que a largo plazo pueden ser las causantes de dolores de espalda crónicos de adultos.
Cuando les sentamos, les privamos de autonomía, parece que les gusta manejar las manos, ya que cuando terminan sujetándose estas les quedan libres, pero están atrapados en esa postura, si no saben llegar, no saben salir, si se les escapa un juguete o quieren algo que está lejos, necesitan nuestra intervención para alcanzarlo o bien aprenden a tirarse al suelo para salir de esa posición.
Muchos bebés que no gatean o que gatean “raro” son bebés que han sido sentados, que aprenden a desplazarse desde esa posición en vez de boca-abajo.

Muchas veces la respuesta que te dan las familias es que les gusta, bueno…les gusta y lo demandan cuando saben que si lo hacen les van a poner en esa postura, un bebé al que no se le fuerza poniéndole en ninguna postura, no va a demandarlas porque no las conocen tampoco. Y si les puede gustar, pero también les gusta conseguir las cosas por si mismos, ¿no nos pasa lo mismo?? Esa sensación de cuando estás con algo difícil, que te cuesta y al final lo consigues, esa satisfacción, ese orgullo…les privamos de eso.

Suelo recomendar el libro de “Moverse en libertad” de Emmi Pickler, en este libro nos habla de su experiencia en un orfanato, donde puso en práctica su teoría sobre la necesidad de los niños de tener libertad de movimiento en todas sus etapas de desarrollo, en concreto ella estudia la etapa 0-2 años.

Un post para profundizar en el movimiento libre y la pedagogía Pickler es este sobre Movimiento libre y Actividad autónoma, de mi compañera de formación en Asesoras Continuum, Romina en su blog Teta-à-Porter.

El movimiento libre es parte de su autonomía, conocer su cuerpo, sus posibilidades, conocer su entorno, facilita la conquista de la autonomía poco a poco, dejemos a nuestros bebés y nuestros niños que experimenten, que jueguen, que se muevan…eso no implica dejarlos solos y que “hagan lo que quieran”, no intervenir no significa no estar, la presencia del adulto es importante, como persona de referencia, como lugar seguro al que volver si necesitan coger impulso, si necesitan seguridad, cariño…

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