educación, infancia, juego

Manualidades con el toque Gynkgo…deja volar la imaginación

Es maravilloso ver como un grupo de niños se relaciona entre ellos cuando les dejas libertad, cómo cuando saben que están en un entorno seguro y libre se dejan llevar por su imaginación, experimentando y buscando sus límites.
Esto pasa en todos los entornos, en el grupo de juegos y manualidades a pesar de ser actividades “dirigidas” siempre les dejamos experimentar, esto implica que no siempre se terminan todas las actividades programadas o que no siempre salen como se planean pero es divertido ver como desarrollan sus propias ideas.
Los adultos estamos demasiado acostumbrados a “hacer las cosas como deben hacerse”, en muchas ocasiones cuando nos ponemos a hacer actividades con nuestros propios hijos si pensamos en pintar, debe hacerse como es en nuestra cabeza, pincel, papel y todo dentro de “su normalidad”. Pero si a un niño le dejamos libertad para hacerlo como él quiera, aunque la actividad sea la misma, posiblemente el resultado no se parezca en nada al que aparecía en nuestro pensamiento. Lo más probable es que se pinte las manos, la ropa o incluso la pared. Si queremos que esto no ocurra se pueden poner ciertos límites o preparar un entorno en el que todo lo que haya a su alcance se pueda “manchar”, además seguramente le repitamos que debe limpiar el pincel, que no puede mojar en dos colores a la vez porque se ensucian… ¿De verdad creemos que aun niño le importa?, ellos solo quieren pintar, da igual el resultado, da igual la mezcla de colores.
Esto es solo un ejemplo, hablamos de pintar igual que podría ser cualquier otra cosa. Si llevamos a un niño al parque donde hay sitios altos donde subir, lo más normal es que el niño quiera llegar a lo más alto y que la madre/padre/abuela acabe gritando o prohibiendo subir. Imaginemos que ponen a nuestro alcance una onza de chocolate pero nos prohíben comerla, ¿cómo nos sentiríamos? En estos casos lo que se debe hacer es acompañar al niño, recordarle que él puede hacerlo si se lo propone. Insistir continuamente en “¡No hagas eso que te vas a caer!” “¡¿No ves que tú no puedes subir ahí?!”, si repetimos frases similares a esta al final el niño pensará que realmente no es capaz, tendrá miedo y por consecuencia se caerá y acabaremos por escuchar la típica frase que todos hemos oído alguna vez “¿Ves? 
Te dije que ibas a caerte”. Es normal como padre tener miedo a que suban, pero debemos diferenciar que el miedo es Nuestro y no de ellos, y con esas frases lo que les transmitimos es nuestro propio miedo, no dejando que experimenten el suyo propio.
En el Gynkgo queremos que experimenten, manchen, disfruten, se caigan y se levanten. Facilitar un espacio en el que puedan descubrir sus propios límites; claro que hay normas que se deben cumplir, pero muy básicas y fáciles de comprender y a partir de ahí experimentamos.
En manualidades casi siempre nos manchamos, importante venir con ropa que no nos importe que se ensucie, se delimitan las normas antes de comenzar, por ejemplo intentar no manchar las paredes y desde ahí se desarrolla todo. Si hacemos una masa viscosa, sabemos que terminara por todas partes pero descubrir que pasa al mezclar ciertas cosas, ver cómo se comportan en diferentes ambientes, ver qué pasa si se mezcla mal, ensayo error… es importante ver que pasa en todos los casos y de esa manera siempre se quedará en nuestra memoria y sabremos reaccionar ante un “fracaso”, muchas veces no nos damos cuenta pero al hacer las cosas “mal” descubrimos otra cosa diferente que puede ser maravillosa igualmente.
Aquí no queremos que coloreen sin salirse de las líneas, no queremos que sepan que al mezclar amarillo con azul sale verde, lo que queremos es que lo descubran ellos mismos. Uno de los errores que solemos cometer al realizar actividades con los niños es el intentar corregirlos y hay muchos momentos en los que no es necesario ni recomendable hacerlo como es cuando pintan. Algo muy común es preguntar que han pintado, muchas veces ni ellos saben que es pero si responden y por ejemplo dicen “es un río” tendemos a contestar “ahh que bonito, pues mira toma píntalo de azul porque el rio debe ser azul”, o el sol amarillo o poner ventanas y puerta a una casa… Ellos están dejando correr su imaginación y si les condicionamos ya a decir que el agua es azul, el sol amarillo, el elefante gris… no dejamos que su imaginación vuele cohibiendo de alguna manera ese desarrollo. Dejemos que sus ríos sean morados, sus árboles azules, sus perros verdes… 

 
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