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Los adultos y los conflictos


“Como adulto tienes recursos para gestionar los conflicto/enfados/estrés que un niño no tiene”, cuantas veces habré oído esta frase, incluso reconozco haberla usado alguna vez, pero muchas veces me planteo cuanto de verdad hay en esa frase.
Llegamos a la maternidad/paternidad en muchos casos sin saber lo que realmente supone la llegada de un hijo. Tenemos las refencias de la Tv, de familiares, amigos,…y seamos realistas, vivimos en una sociedad anti-niños, los mensajes que nos lanzan son contradictorios, “tener un hijo es maravilloso, pero que no se te suba a la chepa desde bebé porque tiene que ser inteligente e independiente”. Cada madre y cada padre traen además su propia mochila a cuestas, sus vivencias, sus miedos, sus prejuicios, que la mayoría de las veces ni nos hemos parado a mirar por “no revolver la mierda”, no somos conscientes que seguimos cargando nuestra mochila y que cada vez pesa más. 
Nace el bebé, pequeño, indefenso, reclamando cada centímetro de tu piel y tu alma y entonces todo se pone patas arriba, la mochila se abre y te va mostrando lo que hay en su interior, en un momento en el que estamos vulnerables, nada volverá a ser lo mismo, muchos cambios, muchas opiniones.
Ese bebé crece, van surgiendo nuevos retos, nuevas dudas, si has elegido hacer las cosas sin seguir la norma, más estrés, si te quejas de una mala noche, que le quites la teta y/o le saques de la cama, si hay un día que no puedes con las rabietas, es que no le pones límites y hace contigo lo que quiere, no hay escucha ni apoyo,  hay juicios y sentencias.
En la crianza con apego o respeto o como lo quieras llamar, se habla de tratar a los niños con el mismo respeto que a los adultos, de ayudarles ofreciéndoles herramientas y alternativas en lugar de castigos y amenazas, pero…¿Cuándo las madres/padres no tienen esas herramientas??Nos solemos poner un listón muy alto, ser la mejor madre, no gritar, no perder los nervios, ser asertivas, leemos sobre las consecuencias de los gritos, sobre cómo aplicar consecuencias en lugar de castigos, la importancia de estar disponibles y cuando estás tranquila todo parece fluir, todo es maravilloso y todos esos consejos que has leído funcionan, hasta que pasas noches y noches sin dormir, hasta que tus hijos te hacen de espejo y te muestran lo que no quieres ver, hasta que el estrés se apodera de ti, entonces esos recursos se desvanecen y esos días en los que te encuentras mal, sin paciencia y sin recursos, los niños explotan, están irritables, cansados, se enfadan por todo o ¿éramos nosotras? El problema viene cuando no sabes gestionar todos esos sentimientos, cuando no sabemos volver a nuestro centro y encima una vocecita en tu cabeza te susurra lo mal que lo estás haciendo, como te estás cargando lo que intentas construir, te escuchas diciendo frases que te dolían siendo niño, haciendo todo eso que no querías repetir y la losa de la culpa te aplasta y en tu cabeza resuena la frase “Como adulto tienes recursos para gestionar los conflicto/enfados/estrés que un niño no tiene”, ¿de verdad tengo esos recursos?? La solución no es culpar a tu infancia, ni a tus padres, se trata de encontrar el equilibrio para nosotros encontrarnos bien, porque cuando estamos bien, las mismas situaciones nos afectan de forma distinta, nuestro cerebro reacciona de forma distinta y las soluciones que no veías se vuelven cristalinas, porque estás bien.

No se trata de estar bien porque si, no se trata de no enfadarnos o cansarnos, se trata de aligerar la carga, de mirar lo que hay en esa mochila y tirar lo que no nos sirve, hay quien necesita un terapeuta que le guíe, hay quién simplemente es capaz de hacerse las preguntas que necesita para encontrar el origen de ese comportamiento “gatillo”, hay quien necesita retomar su historia, hablar con sus padres, conocer su pasado. Los grupos de crianza son un gran apoyo, poder hablar y desahogarte cuando lo necesitas sin sentirte juzgada, que te den consejos cuando los pides. Asumir que necesitamos criar en compañía tanto nosotras como ellos, animarles a ellos a buscar sus grupos de padres con los que poder compartir y soltar.
Y por supuesto buscar herramientas, porque está muy bien que busquemos herramientas para los peques, ahora que se habla tanto del yoga para niños, la meditación, el mindfunless, el bote de la calma…esto es como los hábitos alimentarios, no puedes pretender que tu hijo coma sano si tu no lo haces; Si tu no usas ninguna de esas herramientas, si no tienes algo que te haga mantener la calma, que les puedas enseñar con el ejemplo cómo, aunque estemos mal, aunque nos enfademos, podemos volver al centro, podemos expresar nuestras emociones sean las que sean sin herir a los demás, no puedes plantearte buscar herramientas para ellos, el ejemplo pesa más que las palabras, encuentra tus herramientas, busca, prueba, experimenta y compártelo con tu familia.
Te comparto los recursos que me van sirviendo:
          Auto-observación y observación: aprender a distinguir tus emociones de las de los demás, aprender a tomar distancia, ayuda a ver por qué hay veces que reaccionamos de manera instintiva con una respuesta que no es la que queremos, muchas veces descubres como aquello que te “molesta” de tus hijos es aquello por lo que a ti te regañaban, o eso que haces de vez en cuando, frases que repiten cuando están enfadados que es como escucharte desde fuera.
         – El libro Mindfundless para niños: todo un descubrimiento para mí, no se centra en enseñar a los niños, si no en proveer de herramientas a los adultos para que puedan aprender a ESTAR de otra manera, no sólo en casa, en la vida, una visión distinta con ejercicios para poder hacer toda la familia.
          Comunicación no violenta: esto lo descubrí gracias a la formación de Asesoras Continuum. Es una herramienta para poder escuchar más allá de lo que dicen los demás, para aprender a hablar sin atacar, buscando el dialogo.
          Respiración y meditación: esta, muy unida a la del mindfunless, cuando noto que empiezo a perder el control de mis emociones o que estoy hablando de mala manera me retiro a la habitación si puedo o en el sitio en el que esté, cierro los ojos y me centro en la respiración, dejo que todo lo demás se vaya escurriendo, si hay algún peque con rabieta aislarte en ese momento mentalmente y sólo atender a la respiración y cuando esas emociones se han calmado, volver y resolver el conflicto.
Estas son las mías, no son las únicas, ni tienen que servirle a todo el mundo. ¿Compartes las tuyas??
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