infancia, límites

Los límites y el respeto, ¿sólo para los niños?

Se me acumulan las cosas que contar, las palabras que escribir…pero este fin de semana he vivido una situación que me ha hecho reflexionar en voz alta y no quería dejar pasar esta oportunidad de plasmarla y que no se quede en un lugar entre mi cabeza y mis dedos.

Todos hemos oído hablar de los famosos límites, esta palabra se utiliza principalmente cuando hablamos de niñas pequeñas; queremos que aprendan a respetar esos límites, que aprendan a respetar a los demás, el problema está en cómo hacerlo, algunos adultos creen que la mejor forma de enseñar los límites a sus hijos y a cualquier niño pequeño, es a través del castigo, reprenderles, mandarles a “pensar”, otros creemos en el poder del ejemplo, en que los castigos enseñan a esconderse o a no hacer algo por temor al castigo no por entender por qué no hay que hacerlo, creemos en las consecuencias naturales.
Por lo general se suele tener, en la sociedad un rasero distinto para poner el límites dependiendo de si es un adulto, o un bebé, o niña pequeña así, una misma conducta, dependiendo de la edad que tengas, puede ser considerada una gracia, una broma, un juego o por el contrario una falta de respeto o de educación. En este punto en concreto es el que me quiero detener hoy, me parece bastante absurdo que una misma conducta sea considerada de distinta forma dependiendo de quien es el emisor y quien el receptor de tal conducta y aprovechando lo ocurrido este fin de semana os voy a relatar lo sucedido y mi posterior reflexión.

Nos encontramos en la piscina, con mi pareja, mis hijos y unos amigos de mi pareja que fueron con su madre, el día transcurrió tranquilo, a pesar de algún desafortunado comentario respecto al echo de que el pequeño de 2 años siga tomando pecho, pero nada que no se pueda capear con humor y demostrando que estás segura de lo que haces, hasta aquí bien. Se acerca la hora de irnos y llega el padre de los amigos, un hombre al que no habíamos visto nunca; después del último baño y de secarnos se pone este hombre a jugar con Leo con unos chismes que disparan agua, sin querer, moja a Emma que pasaba por allí, ella se disgusta, se queja y dice que tiene frío, se pone al sol, ellos se ríen, porque no hace calor, le digo que no la vuelva a mojar, que si no quiere,no quiere, y que si la moja le echo la botella de agua por la cabeza (medio broma, medio en serio) ahí acaba, de momento, después de entrar en calor se acerca a su hermano y la vuelve a mojar, está vez el disgusto es mayor, se pone a llorar diciendo que tiene frío, a lo que sus burlas aumentan, llamándola ñoña, y diciendo que no hace frío y que no hay que llorar, lo que ocurre después, va todo a la vez, mientras la niña se mueve y la llamo el hombre se levanta y la sigue para volverla a mojar y demostrarla que no pasa nada por mojarse y llamándola ñoña, ella sigue llorando, me levanto y me quito mi toalla para taparla mientras controlando mi mala leche todo lo que puedo le digo que sólo es una broma si las dos personas se ríen, si uno no se ríe deja de ser una broma, deja de seguirla y se hace un silencio incómodo, Leo se acerca para llenar su chisme del agua a lo que el hombre contesta que no, que mamá no les deja, le digo que lo que no quiero es que mojen a Emma. Emma ya tranquila y segura entre mis brazos, quiere coger uno para mojar, la explico que si no quiere mojarse no puede jugar a eso, porque la pueden mojar, así que decide dejarlo y seguir en mi regazo. La mujer del hombre, con la que llevábamos todo el día muy bien, se vuelve fría y cortante y le entra prisa por irse, terminamos de vestirnos y nos vamos, cada uno por su camino.

Aquí se pueden analizar muchas cosas, en este tipo de situaciones lo común es reprender al niño que llora, “porque no es para tanto”, “porque es un llorica/ñoño”, se le quita importancia a lo que siente en ese momento, se le dice que lo que siente no es real ni válido, los demás son los que deciden si lo que siente en esa situación está bien o no…, lo que yo me pregunto es ¿qué pasaría si en vez de ser una situación de un adulto a un niño fuera un niño a un adulto? también lo hemos presenciado muchas veces, una broma o un juego que se inicia y cuando el adulto decide que no quiere jugar más muchas veces no corresponde con la idea del niño y sigue con la broma o juego, vamos con lo mismo, una niña moja a un adulto, este le dice que no le moje, la niña le vuelve a mojar, le parece algo divertido, el adulto sube el tono, así hasta que se enfada y por supuesto los adultos de alrededor le darán la razón y estarán de acuerdo en lo maleducada que es…
Los límites y el respeto se aprenden sobretodo por imitación, como el resto de cosas, si no les respetamos a ellos, sino respetamos sus límites…¿cómo les podemos exigir que respeten los que nosotros marcamos? En este caso además, sino yo no hubiera reaccionado, si me hubiera reído o metido con ella, ¿dónde queda el amparo y la protección? una niña de 4 años asustada, llorando mientras un hombre al que acaba de conocer la persigue para hacer algo que ella no quiere, cuando un niño dice que no, es que no, hay que dejarles que se expresen, hay que protegerlos, para que el día de mañana puedan protegerse ellos, que sepan, que si una situación no les gusta, tienen derecho a decir no, a poner el límite donde ellos y ellas se sientan seguros, son muy bonitas las campañas de di no a las drogas, pero nos pasamos la infancia desoyendo sus noes, les obligamos a complacer a los adultos, dale un beso a la abuela, abuelo, tía, vecina,…les hacemos ver que lo que piensen los demás está por encima de sus sentimientos.

Desde aquí quiero compartir mi preocupación por estas conductas tan normalizadas, estos comportamientos y pensamientos tan arraigados, las niñas y niños pequeños son personas y sus sentimientos y emociones tan válidos como los nuestros, si queremos adultos respetuosos y empáticos, practiquemos con ellos, que vean nuestro ejemplo, con ellos y con el resto, las emociones son algo particular de cada uno, cada ser humano siente sus penas y sus alegrías y no son menos ni más que las que sienten otros. Acompañemos su crecimiento físico y el emocional.

Por una infancia feliz y respetada!!

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